PERSEPOLIS LA CIUDAD DE LOS PERSAS
La primera capital del Imperio persa aqueménida
fue Pasargada,
pero hacia 512 a. C.
el rey Darío I el Grande emprendió la construcción de
este masivo complejo palaciego, ampliado posteriormente por su hijo Jerjes I
y su nieto Artajerjes I. Mientras las capitales
administrativas de los reyes aqueménidas fueron Susa, Ecbatana
y Babilonia, la ciudadela de Persépolis mantuvo
la función de capital ceremonial, donde se celebraban las fiestas de Año Nuevo.
Construida en una región remota y montañosa, Persépolis era una residencia real
poco conveniente, y era visitada principalmente en primavera.
En 330 a. C.,
Alejandro Magno, en su campaña de Oriente, ocupó y saqueó Persépolis,
incendiando el Palacio de Jerjes, para simbolizar quizá el fin de la guerra
panhelénica de revancha contra los persas.
En 316 a. C.,
Persépolis era todavía la capital de Persis, una provincia del nuevo Imperio Macedónico. La ciudad decayó
gradualmente durante el periodo seléucida y las épocas posteriores. En
el siglo III,
la cercana ciudad de Istakhr se convirtió en centro del Imperio sasánida.
Tras haber continuado la obra de Ciro II
en Pasargada
y paralelamente a los importantes trabajos de construcción emprendidos en Susa,
Darío I decidió establecer una nueva capital; esta decisión es generalmente
interpretada como una voluntad de distinguirse de la rama principal de los aqueménidas, a la que Pasargada estaba
fuertemente ligada.
Eligió para eso una ciudad que ha sido identificada
con Uvadaicaya (Mattezsi en babilonio). Esta ciudad debía tener ya cierta
importancia política puesto que Darío hizo ejecutar a Vahyazdāta,
su principal opositor persa, en 521 a. C. Por otro lado, se atestigua
la presencia de palacios y de puertas monumentales que se remontan a Ciro y Cambises II,
así como una tumba inacabada probablemente destinada a
Cambises. Las tablillas babilonias muestran que se trataba de un centro urbano
desarrollado, activo y poblado, que tenía relaciones comerciales con Babilonia, y era capaz de asegurar los medios
logísticos y alimenticios para una obra de esta magnitud. Pierre Briant,
historiador de la Persia aqueménida, apunta que la puesta en práctica,
cronológicamente cercana, de obras importantes en Susa y Persépolis supuso
la movilización de medios considerables. De hecho, estas construcciones entran
en el marco de un plan global de reajuste de las residencias reales con vistas
a enseñar a todos que "el advenimiento del nuevo rey marca una refundación
del imperio".
Capitales
aqueménidas.
Darío eligió como emplazamiento para su nueva
construcción la parte baja de la formación rocosa del Kuh-e Rahmat,
que se convirtió así en el símbolo de la dinastía aqueménida. Hizo erigir la
terraza, los palacios (Apadana, Tachara), las salas del Tesoro, así como las
murallas. Es difícil datar con precisión la construcción de cada monumento. La
única indicación irrefutable es suministrada por las tablillas encontradas en el sitio
que atestiguan la existencia de actividad constructiva al menos desde 509 a. C.
Es
muy interesante conocer que al contrario de otras construcciones monumentales
antiguas, griegas o romanas,
la construcción de Persépolis no se llevó a cabo con mano de obra esclava, sino
que trabajaron en ella obreros provenientes de todos los países del imperio:
Babilonia, Caria,
Jonia,
o Egipto.
Persépolis
es conocida cono uno de los imperios más importantes de la época antigua, fue destruida según la historia incendiada por
Alejandro Magno y aun se conserva los restos de esta ciudad uno de los imperios más importantes de la
historia.
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